(Del Boletín del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias de la UNAM. #231 Octubre 2007)

Ángela Acevedo
Segunda Parte


En el siglo XVIII, la razón humana aparece en todo su esplendor y los científicos se dan a la tarea de investigar la realidad. Se iniciaba así el Siglo de la Ilustración. Por fin el hombre podía comprenderlo todo a través de su inteligencia. Aquello  que no fuera racional debía ser rechazado como falso e inútil. Finalmente serían desterrados los mitos y las  supersticiones y que habrán de desenterrarse todos los misterios de la ciencia. Al fin se estaba en condiciones de sentar las bases para un conocimiento firme y seguro tomando como base la ciencia.

(Boletín Informativo de la Facultad de Ciencias de la UNAM.  #230 Octubre 2007)

Ángela Acevedo
El interés por las matemáticas ha estado presente en México desde hace muchos siglos. Las culturas prehispánicas realizaron amplios descubrimientos matemáticos como considerar al cero como número. Es conocida también la gran exactitud de los calendarios maya y azteca, que eran mucho más exactos que el calendario juliano que se empleaba en Europa en la época en que se inició la conquista de América. Las grandes construcciones arquitectónicas como las pirámides y otras importantes obras hidráulicas en la cuenca de México ilustran el grado de los conocimientos científicos que sobre ingeniería, física y matemáticas poseían los pueblos mesoamericanos.

La historia de las matemáticas mexicanas, como la de muchas otras ciencias en nuestro país, está por escribirse. En ciertos períodos de nuestra historia se han dispersado y perdido bibliotecas enteras. Octavio Paz afirma que "La Reforma liberal destruyó una parte preciosa de la historia de México; contribuyó así decisivamente, en el proceso de automutilación que nos ha convertido en un pueblo sin memoria"y más adelante también expone que "Ante la desaparición de (...), la melancolía que provoca invariablemente el estudio de nuestro pasado se transforma en desesperación. Se dice que la pasión que corroe a los pueblos hispánicos es la envidia; peor y más poderosa es la incuria, creadora de nuestros desiertos". (O. Paz, las trampas de la fe)

En 1556, Juan Díez Freyle publicó en la capital novohispana el "Sumario Compendioso de las quentas de plata y oro que en los reynos del Piru son necesarias a los mercaderes y todo genero de tratantes". Con algunas reglas tocantes a la Aritmetica, texto que trataba temas prácticos de esa disciplina matemática, pero también algunos problemas de  álgebra.
Como su largo nombre indica, fue escrito para facilitar las operaciones que los comerciantes en metales preciosos realizaban en el virreinato del Perú, aunque igualmente fue usado en la Nueva España, pues su autor dedicó el último tercio del libro, donde por cierto desarrolló la parte de mayor interés, a los problemas matemáticos más comunes que los novohispanos enfrentaban en sus transacciones comerciales.

Las matemáticas que se estudiaban en México hacia el año de 1630 no eran otras que las del Renacimiento: geometría clásica, álgebra, aritmética y trigonometría. Lugar relevante ocupaba la ciencia de los números, a la que podemos llamar "aritmosofía", pues como heredera de la vieja tradición hermético-pitagórica intentaba determinar el papel de los números en la aprehensión de la idea de belleza basada en una armonía o un equilibrio. Por otra parte, desde el punto de vista matemático el mundo astronómico de las esferas y los círculos planetarios era tan armonioso que resultaba fiel retrato de su Creador, tal como lo afirmó fray Luis de Granada en su "Introducción al símbolo de la fé".

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