(Del Boletín del Departamento de Matemáticas de la Facultad de Ciencias de la UNAM. #231 Octubre 2007)

Ángela Acevedo
Segunda Parte


En el siglo XVIII, la razón humana aparece en todo su esplendor y los científicos se dan a la tarea de investigar la realidad. Se iniciaba así el Siglo de la Ilustración. Por fin el hombre podía comprenderlo todo a través de su inteligencia. Aquello  que no fuera racional debía ser rechazado como falso e inútil. Finalmente serían desterrados los mitos y las  supersticiones y que habrán de desenterrarse todos los misterios de la ciencia. Al fin se estaba en condiciones de sentar las bases para un conocimiento firme y seguro tomando como base la ciencia.


Durante el Siglo XVIII en la Nueva España, ocurre un desarrollo inusitado del conocimiento científico gracias a la difusión aceptación y aplicación de las ideas ilustradas provenientes de Europa. En la Nueva España, en la primera mitad del siglo XVIII, la enseñanza de las matemáticas recayó en las órdenes religiosas, en especial de los colegios de jesuitas, quienes se dedicaron con mayor intensidad a las ciencias exactas, y escribieron un buen número de textos. Sin embargo continuaba enseñándose la aritmética, geometría, álgebra, trigonometría, secciones cónicas y demás temas tradicionales.
No obstante, un conjunto de criollos ilustrados iniciaron el estudio de las matemáticas por su cuenta, sin apoyo institucional alguno. De esta generación destacan grandes
matemáticos como Joaquín Velázquez de León (1725-1786), José Ignacio Bartolache (1739-1790), Antonio de León y Gama (1735-1802) y José Antonio Alzate (1737-1799).
Después de la expulsión de los jesuitas en 1769, la corona reformó la educación, introduciendo ahora sí la enseñanza de la ciencia y filosofía modernas. Se funda entonces el Colegio de las Vizcaínas, la primera institución que impartiría educación secular.

En 1769 Bartolache publica sus Lecciones matemáticas, un pequeño opúsculo como parte de los cursos que impartía en la Real Universidad de México. En este ensayo diserta sobre la naturaleza de las matemáticas y su método, donde aboga por hacerlo extensivo a otras ciencias. En 1783 el monarca español Carlos III expide las ordenanzas para crear un Real Tribunal de Minería en donde se establecen las bases para la formación del Real Seminario de Minería. Éste finalmente fue fundado el 1o. de enero de 1792, dotado de un distinguido cuerpo de profesores, encabezado por Fausto de Elhuyar (1775-1833), Andrés Manuel del Río (1765-1849), Francisco Antonio Bataller, Luis Linder y Federico Sonneschmidt. El programa de estudios del Seminario, fue dividido en cuatro años, e incluía Matemáticas Superiores, Física, Química, Topografía, Dinámica, Hidráulica,
laboreo de minas, lenguas y dibujos así como una práctica activa en algún real de minas, amen de la presentación de un gran acto público al término de la carrera. En dicha institución se editaron los más avanzados libros técnicos y científicos de la época; entre otros, el Tratado de Química de Lavoisier, presentado por Andrés Manuel del Río, la
traducción al castellano de las Tablas Mineralógicas de Karsten; la nueva Teoría y Práctica del Beneficio de los Metales Oro y Plata de Eguia; el Tratado de Amalgamación de Sonne-schmidt; y los Elementos de Orictognosia del mismo Andrés Manuel del Río, que mereciera ser considerado por Humboldt como el libro más valioso de su época. Sus egresados con el título de facultativos de minas obtuvieron sus títulos partir de 1797, y fueron ampliamente aceptados en el resto de América, en Filipinas y en toda Europa. 
Humboldt a su paso por México, emitió comentarios favorables al Real Seminario de Minería que mantuvo también un papel importante en el ámbito cultural y político. De sus aulas salieron hombres que se opusieron a la realidad colonial, atrasada, ignorante e injusta que imperaba en la colonia y que posteriormente llevarían la guerra de Independencia.
Algunos de sus estudiantes se adhirieron a la lucha libertaria en 1810, y fueron José Antonio Rojas Ladrón de Guevara (1774-1811), poblano, Casimiro Chowell (1775- 1811), Rafael Dávalos, Ramón Fabié, venido desde Manila a estudiar en el Seminario y Mariano Jiménez (1781-1811). Un texto usado comúnmente en las aulas de dicho Colegio era Elementos de matemáticas (1772) de Benito Bails (1730-1797) notable matemático catalán, donde exponía ampliamente la geometría analítica y el cálculo infinitesimal. Rafael Dávalos tuvo a
su cargo la cátedra de matemáticas en el Colegio de Guanajuato de 1806 a 1910, cuando fue fusilado por colaborar con el movimiento
insurgente.


Bibliografía
Juan José Ribaud. Las matemáticas.
Antecedentes en: Las ciencias exactas
en México, FCE, 1ª. Ed. 15-80 pp.

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