El arte no debe refugiarse en la abstracción ni en la trivialidad.

Debe, como ya lo dijo Picasso, reaccionar ante lo que sucede en el mundo. En un mundo como el actual, dominado por la violencia (siendo la desde abajo un reflejo de la desde arriba), la falsedad y la injusticia, el arte debe actuar como demoledor de toda la fachada hipócrita que trata de ocultar la verdad vergonzosa; rescatar la figura humana, el desnudo, no para sí mismo, sino como metáfora doblemente simbólica, destruir la tradición de adoración exclusiva del héroe masculino presentando su contraparte: la "heroína". La figura de la madre, no la mater dolorosa, sino la madre de Gorki, las amazonascomo símbolo de la resistencia, el sagrado autosacrificio como paradigma de llevar las cosas al extremo, la vengadora desnuda, mutilada, blandiendo la espada ensangrentada, con una ciudad bombardeada como fondo.

No los detalles importan, sino la impresión general, la expresión de los rostros, el lenguaje de los cuerpos sin tapujos, sometidos al tormento o lanzándose al martirio...


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