Félix Recillas Juárez

Investigador de la IMUNAM desde 1948, Director de la Facultad de Ciencias de la UNAM de 1982 a 1986 y vicepresidente de la SMM en 4 ocasiones. Este es un fragmento de su historia tan llena de azares como de una voluntad incansable por seguir la vocación matemática.

Por el Dr. Enrique Ramirez de Arellano

Félix Recillas Juárez nació en San Mateo Atenco, cerca de Toluca, Estado de México, el 27 de enero de 1918.

Su familia se transladó a la Ciudad de México, cuando él era pequeño y ahí cursó la primaria y la secundaria en escuelas públicas. Ingresa en 1933 a la Secundaria No. 7, que contaba con una excelente planta académica: Ni más ni menos que Don Alfonso Nápoles Gándara enseñaba álgebra elemental en el primer año y Don Alberto Barajas trigonometría en el segundo.

 

Durante sus vacaciones de invierno entre el segundo y el tercer año estudia en cursos intensivos y en esta forma aprueba en forma adelantada y a título de suficiencia todas las materias del tercer año de la secundaria, En esta época Barajas le presenta a Car-los Graef Fernández, quien le recomendó que se inscribiera en el Bachillerato de Cien-cias Químicas, porque era la escuela que tenía la mejor enseñanza en ciencias y que tomara los cursos que en ella impartía Alfonso Nápoles Gándara.

Al terminar el primer año del bachillerato, Graef le recomendó ir a tomar clase como oyente al entonces Departamento de Ciencias Físicas y Matemáticas de la UNAM, que en 1937 cambió a Escuela Nacional y poco después a Facultad de Ciencias. Para el segundo año del bachillerato Félix aplicó con éxito el mismo procedimiento que había seguido en la secundaria, aprobando a título de suficiencia las materias del segundo año, por lo que termina la preparatoria en un solo año. De 1937 a 1939 realiza estudios simultáneamente en la Escuela Nacional de Ingenieros y en la Facultad de Ciencias.

Dificultades económicas lo obligan sin embargo a dejar los estudios para ir a trabajar como topógrafo, pero al enterarse de que Graef Fernández había regresado con un doctorado del MIT, lo busca y le pide ayuda para poder seguir estudiando. Es ya 1939 y Graef se comunica con su amigo Luis Enrique Erro, encargado de la fundación del ob-servatorio Astronómico de Tonantzintla, quien necesitaba contratar astrónomos para su

 

proyecto. Erro le ofrece a Félix un puesto de Astrónomo y dos años después, en enero de 1941, lo comisiona para ir a estudiar astronomía a la Universidad de Harvard.

En Harvard, además de estudiar astronomía, impulsado por su fuerte interés en temas avanzados de matemáticas, asiste por su cuenta a una clase sobre álgebra conmutati-va que impartía Oscar Zariski

A su regreso a México, el interés de Don Félix en la matemática no cede y se traslada de Puebla a México para acudir al seminario de Topología General que organizaba Ro-berto Vásquez.

Para inaugurar el Observatorio, Luis Enrique Erro organizó un Congreso Internacional de Astrofísica, que se celebró en Tonantzintla, Puebla, el 16 de febrero de 1942. El Instituto de Matemáticas de la UNAM, recientemente creado, recibió la simpatía, el apoyo y la ayuda de varios de los asistentes al Congreso, en particular G. D. Birkhoff y H. Shapley.

Inspirados en el Congreso de Astrofísica, los miembros del Instituto de Matemáticas or-ganizaron, con gran éxito, el primer Congreso Nacional de Matemáticas en la ciudad de Saltillo en noviembre de 1942 y poco después, el 30 de junio de 1943 se crea la Socie-dad Matemática Mexicana de la cual Don Félix es miembro fundador. Posteriormente forma parte en varias ocasiones de la Junta Directiva de la Sociedad, cuatro de ellas como Vicepresidente.

Félix Recillas realiza un trabajo sobre las ecuaciones de la transferencia de la radiación en atmósferas estelares y S. Chandrasekhar, astrofísico muy renombrado, manifestó al joven Félix su interés por el tema y, posteriormente escribe a Erro, invitando a Félix a que vaya a realizar estudios de posgrado en la Universidad de Chicago. Ya estaba todo listo para su viaje, cuando conoce en una reunión científica a Solomon Lefschetz, quien reconoce de inmediato el talento de Don Félix y le ofrece una beca para realizar estu-dios de doctorado en matemáticas en la Universidad de Princeton. Don Félix no dudó entonces en inclinar el fiel de la balanza de la astronomía hacia las matemáticas y acepta la oferta de Lefschetz.

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Inicia sus estudios de postgrado en Princeton en septiembre de 1944 bajo la dirección de Claude Chevalley y como becario de la fundación Rockefeller. A finales de 1947 termina su tesis doctoral sobre "El teorema de las sicigias de Hilbert en un anillo de se-ries formales de potencias". Este resultado es citado posteriormente e incorporado por Henri Cartan en su conocido libro sobre álgebra homológica.

Regresa con el doctorado en marzo de 1948, cuando en México solo Enrique Busta-mante Llaca tenía el doctorado en matemáticas.

Se reincorpora con entusiasmo y gran energía, que perduran a la fecha, como Investi-gador al Instituto de Matemáticas, en el cual era ayudante de investigador desde julio de 1945. Había entonces poca actividad académica y Roberto Vásquez, Director del Instituto, le pide que dé un curso, o que organice un seminario, sobre topología alge-braica. Aunque el propósito de Don Félix era continuar sus investigaciones en geome-tría algebraica, accede a esta petición, proponiendo un seminario siguiendo el libro de Lefschetz sobre el tema, con la condición de invitar a participar en las exposiciones a un destacado estudiante de la Facultad de Ciencias: José Adem.

La lectura de este difícil libro, al que se enfrentaron los participantes del seminario si-guiendo el ejemplo de Don Félix, con profundo espíritu crítico, humildad y sobre todo con gran tenacidad, permitió incorporar la investigación que se realizaba en el Instituto de Matemáticas a la gran corriente matemática universal que iniciaba en esa época: una nueva etapa de la topología algebraica.

Simultáneamente a este seminario, don Félix impartía el curso de álgebra en la Facul-tad y posteriormente, dirigió un seminario con el libro "Rings with minimum conditions" de Emil Artin y asesoró la tesis de Licenciatura de Emilio Lluis sobre teoría de anillos locales. Poco después participó activamente en el célebre seminario sobre álgebra homológica que se realizó en el Instituto de Matemáticas sobre el recientemente apare-cido libro de Henri Cartan.

En 1950 fue invitado a la Universidad de Princeton como profesor visitante durante un semestre y el siguiente año, por consejo de Claude Chevalley, viaja a Francia para par-

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ticipar durante un año en el Seminario Henri Cartan en la Escuela Normal Superior de París.

Uno de sus resultados importantes aparece en su artículo "Especializaciones sobre ani-llos locales completos" en el que logra generalizar la teoría de especializaciones ex-puesta por Andre Weil en su libro Foundations of Algebraic Geometry. Publica además otros trabajos en colaboración con Emilio Lluis.

Promotor infatigable de las matemáticas, formó parte de la Comisión Organizadora del Congreso Internacional de Topología Algebraica, que se celebró en 1956 en esta Ciu-dad Universitaria. En 1957 es invitado nuevamente como profesor visitante a la Univer-sidad de Princeton.

Don Félix continúa acudiendo a instituciones extranjeras de prestigio como profesor por uno o dos semestres: La Universidad de París en 1958, el Instituto Henri Poicaré en 1962, la Universidad de Heidelberg en 1965. Posteriormente imparte conferencias en las Universidades de Harvard, de Nancy, etc. Pudiera haber permanecido en alguna universidad de prestigio del extranjero, pero prefirió quedarse en México promoviendo las matemáticas, a pesar de las dificultades con que tuvo que enfrentarse en nuestro medio.

Su interés por el desarrollo de la matemática no se limitó al Instituto de Matemáticas y la Facultad de Ciencias. Junto con Enrique Valle Flores y Ana María Flores, fundó el Instituto de Estadística en la Secretaría de Industria y Comercio. Cuando este desapa-reció en el cambio de administración, Don Félix promovió la ampliación del IIMAS, pro-poniendo la creación de un grupo sólido de investigación en matemáticas aplicadas.

La labor de Don Félix, entusiasmando a jóvenes estudiantes a adentrarse en distintos temas de la matemática, es invaluable. Ha sabido transmitir su conocimiento enciclo-pédico a través de cursos, de seminarios que ha dirigido en forma sistemática y de te-sis que ha asesorado. Mencionaré sólo lo siguiente: Tiene 35 tesis dirigidas, las prime-ras fueron la de Maestro en Ciencias Físicas de Fernando Alba Andrade y la de licen-

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ciatura de Emilio Lluis Riera. Dirigió seminarios sobre variedades Kaehlerianas, gavillas algebraicas coherentes, grupos y álgebras de Lie, el índice de Atiyah, representación de grupos y álgebras de Lie semisimples, teoría de campos de clases, etc.

Como director de la Facultad de Ciencias de la UNAM dio importancia al aspecto aca-démico, terminando con el asambleísmo que se había apoderado de la Facultad.

Cuando la cultura científica de un país está en formación, los derroteros que las cien-cias seguirán, estarán normados por sus fundadores, y no solo los caminos, sino tam-bién las ambiciones, las ilusiones y sobre todo el atrevimiento de plantearse metas, al parecer utópicas, para el desarrollo de dichas ciencias. En el caso de las matemáticas mexicanas, Félix Recillas es uno de los primeros que plantearon dichas metas, al pare-cer ilusorias en nuestro medio respecto al desarrollo de las matemáticas. El insistía "Hay que estudiar las grandes escuelas matemáticas contemporáneas" y dio importan-cia a la geometría algebraica moderna, a los grupos de Lie, a las enseñanzas de Weil, Grothendick, Mumford, Tate y tantos más. El impulsó a las nuevas generaciones a que estudiaran los grupos algebraicos, las formas automorfas, el análisis sobre grupos lo-calmente compactos y muchos otros temas que empezaban a tener relevancia. El fue quien daba a conocer a los estudiantes el programa de Langlands de unir varias ramas de la matemática y de la importancia en no subdividir artificialmente a las matemáticas en ramas mutuamente ajenas. El desarrollo de la matemática moderna en México se debe en mucho a la tenaz labor de Don Félix. Nunca podremos agradecer suficientemente sus esfuerzos.

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