Guillermo Torres Díaz

Uno de los grandes maestros de la matemática mexicana.  Varios de sus trabajos muestran la gran trascendencia de las ideas en ellos plasmadas, al seguir encontrando hasta la actualidad, repercusiones en la moderna teoría de los nudos, teoría que ha adquirido mucha fuerza recientemente.

Si alguien se distinguió entre sus colegas por su incansable empeño para realizar, día con día, su tarea de investigación sin descuidar su compromiso con las nuevas generaciones de matemáticos, ése fue el doctor Guillermo Torres Díaz. En efecto, resulta anecdótica su puntualidad para iniciar labores en el Instituto de Matemáticas, desde le cual prestó sus servicios a nuestra Universidad por más de 40 años como investigador titular C.

 

Esta rigurosa disciplina para con el trabajo cotidiano es fruto de una larga trayectoria que arranca en dos facultades, simultáneamente, en donde cursa sus estudios de licenciatura: Ciencias e Ingeniería. Una vez concluida la carrera de matemáticas, se desempeña como asesor del Departamento de Estudios Económicos del Banco de México y, posteriormente, obtiene los grados de maestro y doctor en ciencias en la Universidad de Princeton, bajo la dirección de Ralph Fox, especializándose en la teoría de los nudos.

Durante los años de formación académica obtuvo una vasta experiencia docente impartiendo cursos en la Escuela de Ingeniería del H. Colegio Militar, en el Instituto Tecnológico Autónomo de México, en el Departamento de Graduados de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica del Instituto Politécnico Nacional y en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México. Entre los profesores que más contribuyeron a la formación del doctor Torres Díaz, durante su estancia en la Facultad de Ciencias, se cuentan el doctor Alberto Barajas, el doctor Roberto Vázquez y el doctor Alfonso Nápoles Gándara. También de esta época recuerda la influencia decisiva de su compañero Enrique Valle Flores. Por lo que toca a su estancia en Princeton, las personas que más aportaron a su preparación fueron el profesor Ralph Fox, Solomon Bochner y S. Lefschetz. Gracias a que logró conjugar, a temprana edad, un ejercicio profesional y docente sumamente dinámico, sus cátedras siempre se vieron repletas de jóvenes entusiastas que reconocían en él a un profesor actualizado en búsqueda de nuevos conocimientos; esta situación no se modificó a su regreso de los Estados Unidos, pues continuó como profesor titular de la Facultad de Ciencias, de la cual ocupó la Dirección de 1959 a 1965. Sus trabajos publicados son considerados ahora como clásicos de la teoría de los nudos.

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