Alberto Barajas Celis

 

La Universidad es prodigiosa. Al entrar a la Preparatoria nos desorienta la riqueza de las posibilidades humanas. En nuestra mano está ser jurista, escritor, político, ingeniero o banquero. Pero unas voces misteriosas, que me hablaban en los corredores de la Escuela, me fueron guiando con gran sabiduría y firmeza. Me revelaron que yo no era novelista, ni abogado, ni historiador, ni hombre de negocios. Yo era matemático.

 

Alberto Barajas Celis (17 de julio de 1913 - 3 de julio de 2004)

La sociedad humana es como un mar, y nosotros como gotas que somos arrastradas sin poder influir en los grandes acontecimientos. Esta idea se confirma al poder conversar con Alberto Barajas Celis.

Él gustaba de hablar del gran fenómeno que es México, y de las riquezas incalculables que encierra la UNAM, la cual nos ha llevado a alturas insospechadas. Acusaba de insensatos a quienes pretendían corregirla con medidas autoritarias.

De lo que no hablaba Barajas era de lo que él, y otros de su generación, hicieron mediante impulsos formidables, a fin de dar forma a la UNAM de la segunda mitad del siglo XX. Gracias a él, a un Brito Foucher, rector que creía en Barajas, a un britista visionario llamado Francisco José Álvarez, al UNAM fue dotada en 1944, de los terrenos que actualmente posee.

 

Y es que Barajas pensaba en grande, con franca generosidad. Como coordinador científico en ciernes, exigió que los cubículos de la Torre de Ciencias fueran amplios, para que la labor de investigación se realizara en condiciones óptimas. Lo mismo hizo con las aulas de la Facultad de Ciencias, edificio que fue abandonado en 1976, sin que nadie lo solicitara.

El tenía una concepción hedonista de la actividad académica. Ésta debe ser agradable y debe favorecer la convivencia , principio que él proponía en práctica a través de sus clases ejemplares, las cuales eran un espectáculo con efectos vivificantes para la concurrencia.

Los libros de texto debían ser obras de arte, elaborados con el mismo esmero que se fabrica un automóvil, donde se atienden todos los detalles, incluyendo los acabados. Ésta fue una valiosa recomendación , excepcional en un ambiente en donde privaba el conformismo al respecto.

Su ejemplo ha sido emulado por las distintas generaciones de sus discípulos, entre los cuales figuran muchos de los buenos expositores que actualmente disponemos.

Barajas era un científico dotado de sensibilidad artística y escepticismo filosófico. Daba la impresión de ser optimista, pero más bien era realista, ya que su entusiasmo y alegría estaban justificados por un análisis penetrante de los acontecimientos.

En 1999, el último año que nos acompañó en la Ciudad Universitaria, a petición de algunos dirigió unas palabras de aliento a la comunidad del Instituto de Matemáticas que se hallaba congregada en la sala del café, conmovida por lo que estaba aconteciendo: la peor crisis universitaria desde 1929. Fue muy claro en su planteamiento que esas crisis son inevitables, pero que de ellas ha salido siempre una Universidad más fuerte.

Su retórica era emotiva y convincente. Seguramente trascenderá los tiempos venideros, al hacernos conscientes de la fortuna que hemos heredado, la cual habremos de defender haciéndonos más solidarios y respetuosos de la labor de los demás, lo cual redundará en mayor cohesión y altura de miras.

Sus maestros más influyentes fueron Sotero Prieto, en secciones cónicas, y Antonio Suárez en relatividad. De ahí su pasión por la geometría pura y la física teórica, donde Barajas hizo gala de profundidad y elegancia. Otros de sus temas predilectos fue la teoría de los números, de la que nos legó ideas muy originales.

Tuve la suerte de convivir con Barajas desde la antigua Escuela Nacional Preparatoria hasta las postreras reuniones que Víctor Neumann organizaba en casa de aquél cuando su estado de salud le impedía acudir a otra parte. En ningún momento lo abandonaron el entusiasmo y la alegría de vivir que siempre lo acompañaron.

Éstos fueron sus últimos contactos con miembros de nuestra academia. Tengo la convicción de que sin personas como él, la vida universitaria nos hubiera sido menos rica y seguramente más monótona.


Gonzalo Zubieta Russi

Pensamientos de Alberto Barajas

La Universidad es prodigiosa. Al entrar a la Preparatoria nos desorienta la riqueza de las posibilidades humanas. En nuestra mano está ser jurista, escritor, político, ingeniero o banquero. Pero unas voces misteriosas, que me hablaban en los corredores de la Escuela, me fueron guiando con gran sabiduría y firmeza. Me revelaron que yo no era novelista, ni abogado, ni historiador, ni hombre de negocios. Yo era matemático.

Les recuerdo que matemático no es el nombre de un talento sino de una pasión.


Alberto Barajas (1913-2004)

 

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