José Antonio de la Peña Mena

Universitario ejemplar y matemático brillante reconocido internacionalmente.

(Tomado de la revista ¿cómo ves?)

José Antonio de la Peña descubrió la magia de las matemáticas desde la infancia. Explorar el universo de los números le resultaba tan divertido y apasionante, que a los ocho años comenzó a cultivar la idea de ser físico. Con la convicción de que lo suyo era la ciencia, y al margen del pesimismo con que muchos la veían, “dizque por tratarse de un área para locos y muertos de hambre”, ingresó a la Facultad de Ciencias de la UNAM en 1975.

 

Hoy, a sus 44 años, explica: “Adentrarse en este cosmos numérico te lleva a descubrir que detrás de un proceso relativamente metódico y reglas bien fundamentadas, está el placer de demostrar la verdad. Las matemáticas son una forma de pensar en la que tenemos la ventaja de alcanzar certezas, te brindan una sensación de bienestar, de belleza. Transitar por sus infinitas posibilidades es estar en constante descubrimiento. A través de los números puedo entender el por qué de las cosas, de dónde parten”.

Actual presidente de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) y director del Instituto de Matemáticas de la UNAM, en donde como investigador se ha especializado en el álgebra homológica y la teoría espectral de gráficas, considera que las matemáticas desempeñan un papel fundamental dentro de la ciencia, toda vez que ramas como la astronomía, la computación, la biología, la química, la economía e incluso el campo de las ciencias sociales, parten de modelos matemáticos. “Las computadoras, la electricidad, los coches, los aviones, todo lo que vemos a diario, es resultado de la interacción entre las ciencias aplicadas, la tecnología y las matemáticas. Basta poner la mirada en cualquier punto para toparse con ellas”, señala José Antonio de la Peña. Él adjudica el rechazo hacia las matemáticas a un sistema de educación en el que los propios maestros han tenido una capacitación deficiente, lo que ha provocado que muchas personas sientan aversión o sean apáticos, pues creen que sólo se trata de hacer cuentas y resolver operaciones artificiales.

El doctor de la Peña, quien dirigió, con el doctor Javier Bracho, el diseño y la construcción de la Sala de Matemáticas del Museo de las Ciencias Universum, asegura que su profesión le brinda la oportunidad de tener una vida agradable, interesante y amena, en la que lejos de morirse de hambre, pertenece a una comunidad científica internacional con la que comparte grandes satisfacciones y apasionantes debates.

Los valores de la ciencia, dice el investigador, tienen beneficios directos para el ser humano: nos permiten ser críticos y al mismo tiempo escépticos, es decir, buscar la verdad y no creer todo lo que se dice; trabajar en equipo y tener la posibilidad de intercambiar ideas, y desarrollar la habilidad para resolver problemas, tanto matemáticos como de la vida diaria.

Con respecto a la divulgación de la ciencia, el doctor de la Peña reconoce que hay mucho por hacer: “Tenemos que incrementar la difusión de los conocimientos, sólo así podremos crear vocaciones, ganar credibilidad y confianza, y con ello propiciar un cambio de mentalidad. Necesitamos que la sociedad integre a la ciencia en su vida cotidiana, ya que así se puede hacer frente a las seudociencias y a todo ese ámbito místico ligado a la ignorancia”.

Entre las diversas distinciones académicas obtenidas por José Antonio de la Peña, destacan la medalla y el diploma Gabino Barreda de la UNAM en licenciatura (1977-1980), en maestría (1984) y en doctorado (1985). En 1989 obtuvo la Distinción Universidad Nacional para Jóvenes Académicos en el área de Investigación en Ciencias Exactas de la Academia Mexicana de Ciencias. Expresidente de la Sociedad Matemática Mexicana, ha publicado más de 90 artículos y dictado más de 150 conferencias especializadas en congresos internacionales y en seminarios de universidades de otros países. Asimismo, ha realizado estancias de investigación en Canadá, Estados Unidos, Brasil, Argentina, España, Suiza, Alemania, Grecia, Polonia, Venezuela y Japón.

Personalmente

Virtud: No le tengo miedo al trabajo. Puedo enfrentar los problemas sin temor a la dificultad.

Defecto: En contraste con las matemáticas, cuyo ejercicio requiere de pensamientos ordenados, en mi vida cotidiana soy desorganizado.

Pasatiempos: Leer revistas literarias y de ciencia, ir al cine y practicar tenis con mi esposa.

Anhelo: Hacer cosas que trasciendan y tener más tiempo para dedicarle a las matemáticas.

Arte: El medieval, el abstracto y el impresionismo. Esta última corriente me gusta porque se desarrolla en un contexto íntimo, donde lo esencial parte del sentimiento.

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