Adalberto García-Máynez y Cervantes

Adalberto García Maynez y Cervantes
En México, uno de los pioneros en estudiar, enseñar y hacer topología de conjuntos es el doctor Adalberto García Maynez y Cervantes
Topología
Fué el primer matemático en la UNAM dedicado profesionalmente a trabjar en el área de la Topología General
García Maynez y A. Illanes
Adalberto García Maynez junto con Alejandro Illanes en la cafetería del Instituto de Matemáticas de la UNAM
Gran profesor
Su paso por la docencia empezó a edad temprana impartiendo clases de Geometría Analítica en la preparatoria 7 en 1961. Desde entonces muchos alumnos de la UNAM, IPN, UAM y el ITAM asistieron a sus cursos.
Instituto de Matemáticas
Fué investigador del Instituto de Matemáticas y premio Universidad Nacional (docencia en ciencias exactas) en 1995

Adalberto García-Máynez y Cervantes
 
 Fue el primer matemático en la UNAM dedicado profesionalmente a trabajar en el área de Topología General. Creó un grupo de investigación en Topología de Conjuntos que actualmente cuenta con ramificaciones importantes en diversos estados del país y que además es uno de los más reconocidos internacionalmente.

 

Adalberto nació el primero de junio de 1941. Fue el menor de dos hermanos, su hermano Eduardo, había nacido apenas tres años antes. Su madre, María Elena Cervantes, como la mayoría de las madres de la época, era ama de casa. Casi se podría decir que Adalberto nació en el seno de la UNAM. Su padre, el reconocido jurista Eduardo García Máynez, a sus 31 años, ya daba muestras de la trayectoria que seguiría y que lo llevaría a ser uno de los universitarios más destacados del siglo pasado. Para situar un poco el momento en que nació Adalberto, con relación a su padre, mencionaremos que en ese entonces, Don Eduardo, era director de la Facultad de Filosofía y Letras, y que ya
había publicado, en 1940, el libro “Introducción al Estudio del Derecho”, obra fundamental para la carrera de derecho en todos los países latinoamericanos. Esta obra alcanzó las 60 ediciones en 2008. Quien quiera leer más sobre este brillante universitario puede asomarse al prólogo del propio libro [1], donde se incluye un excelente bosquejo biográfico escrito por el Dr. Jorge Carpizo Mc Gregor.

En sus años de preparatoria Adalberto tuvo la suerte de conocer al mismísimo Carlos Graef Fernández. El Dr. Graef fue uno de los fundadores de las carreras de Física y Matemáticas en la UNAM. Personalmente, me impresionaba su figura robusta, su energía desbordante y su maravilloso don de la palabra, el cual usaba frecuentemente para transmitir su amor por las ciencias. Seguramente impresionó también al joven Adalberto e intuyó su talento por las matemáticas, pues con el hábil truco de ponerle toritos, que Adalberto confiesa que no siempre resolvía, debe haberle ayudado a descubrir otros aspectos de esta ciencia, y debe haber colaborado a despertar
su inquietud por conocerla más.

Adalberto también tuvo la oportunidad de tomar clases de Cálculo y Cosmografía con Agustín Anfossi. Este nombre tal vez ahora no suene mucho, pero en aquella época todo el mundo sabía que los libros de Anfossi eran de los que más se usaban en la secundaria y el bachillerato.

Otra dato importante que recuerda Adalberto, en esta dirección, son los juegos matemáticos que su padre les ponía a él y a su hermano.

A pesar de los párrafos previos, no debe pensarse que Adalberto tomó el camino directo a las matemáticas. Su padre quería que él estudiara alguna carrera humanística. Como ocurre con muchos jóvenes, Adalberto tenía muchas inquietudes y talentos. Como no sabía que existía la carrera de matemáticas pensaba que podría inscribirse a Ingeniería o a Arquitectura. De cualquier forma, gracias al Dr. Graef, se enteró que se podía cursar la carrera de matemáticas. Tal vez por sus propias dudas, o por la influencia de su padre, o por sentirse con la capacidad suficiente, decidió estudiar dos carreras al mismo tiempo: Matemáticas y Letras Clásicas.

Después de unos meses, comprendió que no estaba estudiando ambas carreras con la responsabilidad necesaria y renunció a las Letras Clásicas. Su padre se decepcionó, pero poco después comprendió que debía respetar la vocación de Adalberto, tal vez porque recordó que él mismo se había inscrito inicialmente a la carrera de Química hasta que descubrió que su verdadera vocación era el Derecho.

Adalberto estudió la licenciatura entre 1959 y 1962. Por supuesto, en las bellísimas instalaciones de la Facultad de Ciencias, que estaban cumpliendo un lustro de estrenadas y que tuvimos que cambiar por las que ahora ocupamos desde 1976–1977. En ese momento la UNAM tenía, contando con el bachillerato, casi 50,000 alumnos (ahora tiene casi 300,000) y a los cursos de los últimos años de la carrera asistían unos cuantos alumnos. A diferencia de la mayoría de los que ingresan a la Facultad de Ciencias, Adalberto recuerda que sus
primeros años no le costaron mucho trabajo. Sólo al final de la carrera, materias como Álgebra Moderna y Variable Compleja sí le ocasionaron algunos desvelos. Entre sus compañeros de la facultad recuerda a Francisco Raggi, Andrés Sestier, Bernardo Wolf, Rebeca Juárez, Sergio Reyes Luján, Rafael Costero, Arturo Nieva y Joaquín Curiel.

Contra lo que podría pensarse, el camino hacia la Topología tampoco fue directo para Adalberto. En la licenciatura no cursó esa materia, pensaba que era muy difícil y que no le sería necesaria en el futuro. Su cultura matemática es bastante amplia y podemos ver que, aunque su trabajo de investigación se ha enfocado prioritariamente hacia esta rama, Adalberto ofrece cursos de muy diversos tipos en la carrera de Matemáticas. Realizó su tesis de licenciatura en el área de Geometría Algebraica. Su asesor principal fue Emilio Lluis Riera, sus
otros dos asesores fueron Humberto Cárdenas Trigos y Félix Recillas Juárez.

A diferencia de la época actual, cuando Adalberto terminó la carrera, las posibilidades de hacer estudios de posgrado en México eran muy pocas y los estudiantes se iban al extranjero a continuar estudiando. Adalberto hizo una solicitud para ingresar a la Universidad de Yale, la cual no prosperó. De último momento, sin haberlo planeado, se le presentó una oportunidad para realizar estudios de posgrado en la Universidad de Virginia, en la ciudad de Charlottesville. Afortunadamente, el Dr. Salomón Lefschetz, con sus múltiples influencias y con una llamada telefónica pudo conseguirle un lugar en esta universidad aun cuando ya había pasado el tiempo para las inscripciones. El Dr. Lefschetz era un topólogo sobresaliente (y muy controvertido), que trabajaba en la Universidad de Princeton, viajaba en los veranos a México y colaboró fuertemente para el fortalecimiento de las matemáticas en México.

Adalberto llegó a Virginia en una época difícil, en un ambiente nada tranquilo, pues los jóvenes estadounidenses temían ser reclutados para la guerra de Vietnam. Tal vez por esa inquietud consumían mucho LSD, a pesar de las amenazas de expulsión. En esos años se estaba gestando el gran cambio, principalmente generado por la juventud, que se daría en la década de los años 60. Adalberto contaba con una beca de 300 dólares mensuales que le daba el INIC (el precursor del CONACYT) y su padre le ayudaba con 100 dólares adicionales. Recuerda ese periodo como una época muy feliz en compañía de su primera esposa y sus dos pequeños hijos.

Su intención al llegar a Virginia no era la de estudiar Topología, pues pensaba continuar sus estudios de Geometría Algebraica. Sólo por completar sus créditos, tomó un curso de Topología con el Dr. Gordon Thomas Whyburn. No se imaginaba cómo ese curso iba a cambiar el rumbo de su vida. Prácticamente en ese momento se definió todo su futuro académico y el de los que hemos tenido la suerte de ser dirigidos o influenciados por él.

Quien quiera conocer más de la carrera de Whyburn, seguramente encontrará muy satisfactoria la biografía que se encuentra en [2]. Aquí sólo mencionaré algunos detalles pertinentes. Además de su brillante carrera de investigador en Topología, Whyburn, durante muchos años fue uno de los pilares de la Universidad de Virginia. Dirigió a Adalberto en sus últimos años de vida. Ya había tenido un ataque cardiaco en 1966, se repuso para seguir trabajando, Adalberto se doctoró en junio de 1968 y fue su penúltimo estudiante de doctorado (el 30 de 31). Sufrió un ataque cardiaco definitivo el 8 de septiembre de 1969. En [2] se puede leer “was a very private man. He was quiet and shy, and remarkably gentle with students and family”. Lo más curioso de este comentario es que parece una descripción de la personalidad de Adalberto.

Adalberto recuerda a Whyburn como un magnífico asesor que no sólo se preocupaba por impartir bien sus clases sino ayudaba a sus asesorados a que mejoraran su situación económica y les aconsejaba en sus problemas cotidianos. Sus alumnos nunca notaron que estuviera gravemente enfermo del corazón. Él no hizo caso a su médico que le aconsejaba que se retirara.

Adalberto recibió el doctorado en junio de 1968, el título de su tesis fue “Concerning partially continuous functions”.

Al terminar sus estudios de doctorado, Adalberto recibió tres ofertas de trabajo: en Virginia, en el CINVESTAV del IPN (promovida por José Adem) y en el Instituto de Matemáticas de la UNAM.

Se decidió por el CINVESTAV, pues era la institución que mejor y más rápidamente le pagaría al llegar a México. Recordemos que ya era casado y con dos hijos. El CINVESTAV era otra institución joven, creada en 1961, que se esforzaba por captar tanto investigadores jóvenes como investigadores de reconocido prestigio. La oferta de Virginia no se repitió, con nostalgia Adalberto piensa si no hubiera sido su mejor opción. Recuerda con cariño los seis años que pasó en el CINVESTAV, los cuales fueron muy productivos, pero su corazón lo
llamaba a su Alma Mater, así que cuando tuvo su primer año sabático del CINVESTAV hizo los trámites necesarios para trabajar en la UNAM (ya había dado clases en la Facultad de Ciencias antes de ir a Virginia). Así, su carrera como investigador en la UNAM comenzó en 1976.

En sus años en el CINVESTAV coincidió con el topólogo, de primera línea, Edwin E. Moise. Se dice que alguna vez, cuando trabajaba en el CINVESTAV, José Ádem les puso, a Adalberto y a otros jóvenes matemáticos que ahora son figuras consagradas en nuestro medio, un torito de combinatoria que tiene que ver con la forma de acomodar esposos y esposas alrededor de una mesa redonda. El problema se lo había platicado a Ádem el legendario N. Vilenkin (sí, el del libro ¿De cuántas formas?). Un día Adalberto prefirió no ir a comer con el grupo de sus colegas pues sentía que estaba cerca de resolver ese problema y, cuando regresaron los demás, él había hallado una solución elegantísima que fue publicada en el Boletín de la Sociedad Matemática Mexicana.

Conocí a Adalberto en 1980, cuando yo terminaba la licenciatura y cursé con él la materia de Teoría de Conjuntos. En esa época, se podía cursar una maestría de buen nivel en la Facultad de Ciencias, pero no era fácil hacer un doctorado en México en el área de Topología. Afortunadamente Adalberto ya trabajaba en la UNAM, de otra manera tal vez hubiera tenido que hacer mi doctorado en el extranjero. Cuatro de mis cursos de maestría fueron en temas especializados de Topología de Conjuntos, impartidos por Adalberto. Recuerdo
que en esos cursos, el núcleo (porque éramos los más constantes, interesados y a veces los únicos) éramos Javier Páez Cárdenas y yo. De esta manera, descubrimos, Javier y yo, la profundidad de los conocimientos de Adalberto y a su vez él descubrió nuestro interés y las posibilidades que teníamos para continuar en este camino. Esta circunstancia permitió que Adalberto se animara a dirigirnos el  doctorado a los dos. Es importante mencionar que en esa época, todavía eran pocos los investigadores que dirigían doctorados en México.

Adalberto fue el primer mexicano en dedicarse a la investigación en Topología General. Su producción en investigación es abundante, sus esfuerzos se han dirigido principalmente a desentrañar los misterios que ofrecen las uniformidades. Los trabajos de investigación de los que se siente más satisfecho son los que ha escrito sobre este tema, aunque por supuesto ha explorado otros temas dentro de la Topología General. Entre los conceptos que ha creado, los más importantes y que más impacto han tenido son el de espacio δ−completo
y el de espacio débilmente pseudocompacto. Considera que sus últimos dos trabajos, recién terminados, son de los mejores que ha escrito, uno de ellos es sobre caracterizaciones de pseudometrizabilidad (con Manuel López Ramírez) y el otro se relaciona con la completación de espacios pre-cuasiuniformes (con Adolfo Pimienta).

Preocupado por transmitir sus conocimientos en forma escrita, ha publicado dos libros de Topología. Introducción a la Topología de Conjuntos, Trillas, 1971, (reeditado por las Aportaciones Matemáticas en 2009) es una gema que concentra en poco espacio los principales conceptos para un primer curso de Topología. El segundo fue escrito en colaboración con Ángel Tamariz (Topología General, Porrúa, 1988) y constituye un tratado muy completo sobre Topología General. En los últimos años también se ha esforzado por pulir
las notas que ha escrito para varios de sus cursos preferidos y que podrían verse publicadas en un futuro próximo. Su interés por las otras áreas de las matemáticas también se ve reflejado en el libro “Álgebra y Geometría” que escribió con Rubén Mancio Toledo y que fue publicado por la editorial Porrúa en 2005. Entre sus experiencias educativas también podemos mencionar que fue coordinador del Libro de Texto Gratuito de la S.E.P., en el área de matemáticas para el 5◦ año de primaria en 1972.

Su paso por la docencia empezó a edad temprana impartiendo clases de Geometría Analítica en el Plantel 7 de la Escuela Nacional Preparatoria en 1961. Desde entonces muchos alumnos de la UNAM, el IPN, la UAM y el ITAM han podido asistir a sus cursos. En sus clases Adalberto es un modelo de precisión, sus alumnos lo recuerdan como una persona respetuosa, gentil y con un dominio amplio del tema que imparte. En 1993 se reunieron sus alumnos de varias generaciones y varias escuelas para hacerle un homenaje por sus más de 30 años de docente.

Además de 6 tesis de licenciatura y 2 de maestría, Adalberto ha dirigido 6 tesis de doctorado: Rubén Mancio Toledo (2010), Carmen Gómez Laveaga (2000), Eduardo Santillán Zerón (1996), Ángel Tamariz Mascarúa (1986, codirigida por Richard G. Wilson), Javier Páez Cárdenas (1984) y Alejandro Illanes Mejía (1984).

La labor como docente de Adalberto fue merecidamente reconocida por la UNAM al otorgarle el Premio Universidad Nacional en Docencia en Ciencias Exactas en 1995. Su labor como investigador también ha sido reconocida con el nivel III (el máximo) que ha alcanzado en el Sistema Nacional de Investigadores.


(De: carta informativa de la SMM  https://smm.org.mx/files/carta-informativa/anteriores/carta-informativa-72.pdf )